
El Jacaranda, es uno de esos bares de toda la vida. Tanto su ubicación, escondido en un callejón del casco, como su aspecto exterior, puede que no inviten mucho a pasar.
Es un bar de clientela fiel, casi diría yo de amigos. La única aspiración del lugar es ofrecer un sitio donde pasar un rato agradable charlando. Dos pasillos en forma de L, con mesas y sillas de madera, música bajita, un mostrador con un par de fogones a modo de barra, y dos servicios con cortinas como puerta, componen el lugar. Su especialidad, la fondue de queso, y las tablas de patés. Si queréis una cerveza, tenéis Voll Dann o Estrella, no hay más.
Si queréis un sitio castizo y un tanto bohemio, pasaros por el Jacaranda, no os decepcionará, aunque posiblemente la ropa os coja un poco de olor a frito, es lo que tiene que el sitio no tenga cocina.
Etiquetas: bar, casco histórico
9 Abril 2008 a las 20:22
Se te olvidó mencionar los cuadros modernistas y la riquísima ensalada de manzana, queso y coco.
Ha sido un gusto encontrar tu blog. Un saludo.
9 Abril 2008 a las 21:45
La ensalada no la he probado, me la apunto para la próxima vez que vaya.
Me alegro que te guste el blog.
Un saludo
9 Abril 2008 a las 22:13
Vaya, vaya, yo no he estado en el Jacaranda pero habrá que ir